CAFAYATE – POR ERNESTO BISCEGLIA. – En aquella célebre disputa entre Guillermo de Baskerville y Jorge de Ginebra en la biblioteca de la abadía que de manera magistral planteara Umberto Eco en «El Nombre de la Rosa»; el bibliotecario le dice a Fray Guillermo: «Vosotros los franciscanos sois muy dados a la risa. Y la risa es cosa del demonio, porque deforma las facciones y hace que el hombre se parezca al mono». En el fondo, lo que se planteaba era la medida de la inteligencia de alguien para saber reír, e incluso, reírse de sí mismo, que es el primer grado y más alto de la inteligencia.

Esta cuestión de la inteligencia en el que gobierna cuando se enfrenta al sentido del humor ocupa incluso amplio espacio en la historia del periodismo argentino. En nuestro Libro «El Pueblo debe saber de qué se trata – 200 años de periodismo argentino», planteamos el caso de «Caras y Caretas», o «El Mosquito», por decir de los más emblemáticos, donde en el último, por ejemplo, se dibujaba al presidente Julio Argentino Roca como un zorro, o al presidente Hipólito Yrigoyen como un quirquincho por su apodo de «El Peludo».

Más recientemente, en tiempos de la Dictadura, la revista «Humor«, fue el ambón desde donde se predicó la crítica más ácida contra los militares y la cúpula de la Iglesia Católica. Tan sólo una vez, los militares secuestraron una tirada de «Humor».

Pero vamos al caso concreto de nuestro Cafayate, hoy en manos de una gavilla de personajes que lamentablemente demuestran a diario no estar comprendiendo absolutamente nada. Mucho menos la política, y esto sí es realmente grave.

Desde nuestras páginas hemos ensayado algunas pinceladas de crítica hacia el gobierno municipal con algún sentido del humor o con ironía y hemos hallado que en vez de ubicarnos como opositores al menos, hemos sido calificados como execrables enemigos, escuchando voces de revancha, de venganza y de amenazas. Esto nos hace concluir que no estamos frente a gente inteligente.

El Humor como herramienta de crítica social y política

El humor siempre ha sido una herramienta poderosa para la crítica social y política. Sin embargo, cuando se trata de la relación entre el humor periodístico y el poder, esta dinàmica se hace complicada. Si bien el humor puede ser una forma efectiva de señalar las fallas y excesos de aquellos en posiciones de autoridad, también puede generar tensiones y conflictos, como es el caso que nos ocupa.

El Poder en el Punto de Mira


El humor periodístico ha sido históricamente utilizado como una herramienta para señalar y ridiculizar a figuras de poder. Desde caricaturas políticas hasta sátiras en programas de televisión, los humoristas han buscado exponer las debilidades y decisiones cuestionables de aquellos que ocupan cargos importantes. Esta función crítica del humor periodístico sirve como contrapeso al poder, proporcionando una forma única de disidencia y resistencia.

La Censura y la Amenaza


A pesar de su capacidad para exponer la verdad, el humor periodístico también enfrenta numerosos desafíos. Los gobiernos y las figuras que se creen importantes a menudo responden a la sátira con censura y represalias. En algunos casos, los humoristas se enfrentan a amenazas legales o incluso físicas por sus comentarios satíricos. Esta reacción agresiva refleja la fragilidad del poder frente a la crítica humorística.

Cuando un «gobierno» reacciona con violencia ante la crítica y el humor, es porque se sabe débil e inestable.

El Papel Educativo del Humor


A pesar de los desafíos, el humor periodístico también desempeña un papel educativo importante. Puede ayudar a informar a la audiencia sobre cuestiones políticas y sociales de una manera accesible y atractiva. Sin embargo, este papel educativo a menudo se ve socavado cuando el poder responde con censura en lugar de abrazar la crítica constructiva.

Conclusión: Navegando en Aguas Turbulentas


La relación entre el humor periodístico y el poder es, sin duda, compleja. Aunque el humor sirve como un mecanismo vital para señalar las irregularidades del poder, enfrenta una resistencia significativa. Superar la censura y preservar la libertad de expresión es esencial para mantener el papel crítico del humor periodístico en la sociedad.

En última instancia, el humor periodístico sigue siendo una herramienta poderosa para desafiar el statu quo y cuestionar la autoridad. La capacidad de la sociedad para valorar y proteger la sátira como una forma de expresión es fundamental para mantener un equilibrio saludable entre el poder y la crítica constructiva.

Recordamos al exintendente, el ingeniero, Ennio Pedro Pontussi, cuando en su tiempo en aquel famoso negocio de Avenida San Martín y Jujuy (Arturo Gobernador), el dueño tenía un pizarrón de tres caras donde escribía ingeniosas frases castigando al poder. Cierta vez, pintó la frase «¿Y si ponemos un intendente?». Pasando, el ingeniero Pontussi lo vio y se bajó a ofrecer sus servicios para cuando eligieran un intendente. Sólo alguien instruido y de alto perfil psicológico y político podía hacer algo así.

Lamentablemente, en Cafayate no ocurre así. El gobierno municipal no sabe reír. ¿Tendrán miedo de que se les deformen las fauces y se parezcan al mono?