CAFAYATE-POR ERNESTO BISCEGLIA.- El «Día de los enamorados» sugiere siempre un espacio temporal para idealizar un sentimiento que en los hechos no necesita un día para conmemorarse porque el amar es un estado del ser humano, potenciado cuando se trata de volcar esos afectos en el otro… en algún otro.

Pero vivimos tiempos caóticos, donde la confusión de los valores es la regla consumada y donde precisamente el amor también ha sido alcanzado por el avance tecnológico. Hoy, se ama a distancia, incluso a quien jamás se ha visto personalmente. Vamos camino al enamoramiento de un holograma, o cosas así.

En la era digital, nuestras vidas están entrelazadas con la tecnología de una manera nunca antes vista. Desde la forma en que nos comunicamos hasta cómo encontramos el amor, la tecnología ha transformado profundamente nuestras experiencias emocionales y relaciones interpersonales. El amor, ese sentimiento tan humano y complejo, como decíamos, ha sido moldeado por la influencia omnipresente de la tecnología en nuestras vidas.

La tecnología ha revolucionado la forma en que nos conectamos con otros, brindando una gama de herramientas y plataformas que facilitan la interacción y la búsqueda de parejas potenciales.

Nuestra generación ha pasado de aquellos peregrinajes de varios meses para lograr un tímido café o el compartir una gaseosa con la tía solterona en la mesa de enfrente, a la búsqueda vía Internet de una pareja.

¿Cómo cometer las estupideces que ejecuta un enamorado a través de una pantalla? Imposible.

Aplicaciones de citas, redes sociales y sitios web especializados han ampliado enormemente el campo de juego del amor, ofreciendo a las personas la oportunidad de conocer a otros más allá de las barreras geográficas y sociales tradicionales.

Sin embargo, esta nueva era del romance digital también plantea desafíos únicos. La sobreabundancia de opciones puede llevar a la parálisis del análisis, donde las personas se sienten abrumadas por la cantidad de perfiles y posibilidades disponibles. Además, la naturaleza superficial de algunas interacciones en línea puede dificultar el establecimiento de conexiones profundas y significativas. De hecho, todo llega al punto en que ni siquiera existe la certeza de que «él» sea verdaderamente «él» y no «ella», viceversa, o quizás termine no siendo ninguno.

A pesar de estos desafíos, la tecnología también ha demostrado ser una herramienta poderosa para fortalecer y mantener relaciones a larga distancia. Las videollamadas, mensajes de texto y redes sociales permiten a las parejas mantenerse conectadas incluso cuando están separadas por miles de kilómetros. La tecnología puede actuar como un puente que une corazones separados por la distancia física, facilitando la comunicación y el intercambio de afecto de maneras que antes eran impensables.

Sin embargo, la omnipresencia de la tecnología también ha planteado preguntas importantes sobre la naturaleza misma del amor y la intimidad. ¿Pueden las interacciones digitales realmente reemplazar la profundidad y la autenticidad de las conexiones cara a cara? ¿O corremos el riesgo de convertirnos en una sociedad cada vez más aislada, donde la pantalla se interpone entre nosotros y el mundo real que nos rodea? ¿Qué significa «hacer el amor» vía digital?

El amor en tiempos de la tecnología es un viaje complejo y en constante evolución. Si bien la tecnología puede ofrecer nuevas formas de conexión y romance, también es importante recordar la importancia de la conexión humana genuina y la intimidad cara a cara.

En un mundo digital donde todo es posible, hasta lo impensable, en última instancia, el amor sigue siendo un vínculo emocional profundo que trasciende las fronteras digitales y se arraiga en la esencia misma de nuestra humanidad.

Y eso, al menos en la normalidad media, será irremplazable. –